A pesar de los cambios que se eternizan en el ser humano, el hombre continúa con ese gran miedo de estar solo y en silencio, y siempre me pregunto: ¿Por qué no aprender a ser amigo de esas personas?

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El miedo a la soledad, no es más que, el temor de estar con nosotros mismos, el soportarnos, de encontrar algo que no nos gusta de nuestra forma de ser, actuar, pensar o sentir. Obviamente, es la cobardía de reconocer nuestras verdades, buenas o malas, y porque no tenemos la sensatez o valentía de aceptarlas cuando nos lo hacen saber; ¡es más! por lo regular los ignoramos o evitamos escucharlos, nos autoengañamos buscándoles defectos a esas personas para justificarnos (como si tú llevaras muy bien tu vida, fíjate en tus problemas, etc.), y en los mayores casos, hasta nos alejamos y preferimos perder una amistad antes que aceptar que tienen razón.
Sabemos que no hay personas perfectas en el mundo, y ni lo somos, el problema es cuando con nuestra forma de ser perjudicamos a los demás y aún peor, cuando no aceptamos que es un defecto que tenemos y no tratamos de corregirlo.
Vamos por la vida con defectos tan grandes como la prepotencia, la altanería, la hipocresía, la soberbia y muchos otros que faltaría otro post sobre eso. De ahí nace nuestro temor a la soledad, porque no queremos reconocer que nos equivocamos, nos da pavor pedir perdón o solo reconocer: “Sí, soy así, pero voy a cambiar para ser mejor ser humano”, no para o por los demás, sino por mí mismo, para estar tranquilo con los que me rodean; estar consciente de esto nos hará la vida más fácil.

No lo hacemos, y antes de aceptarlo preferimos huir y llenarnos el alma y la mente de escándalos agresivos que solo nos llevan por los caminos equivocados.
Si cada persona se tomara durante el día unos minutos para estar en soledad y en silencio, mejoraría su calidad de vida al encontrarse consigo mismo, a amarse primero a sí mismo y mucho después aprendería a amar a los demás, así como también descubriría los secretos de la felicidad y la sabiduría de la naturaleza de estar bien consigo mismo es la prioridad para funcionar con todo lo demás que nos rodea.

Aceptar nuestros errores y trabajar en ellos no es una cobardía sino la humildad y la sabiduría de querer estar bien con los demás, pero sobre todo, con tu persona.