people inside a football stadium

La resaca del Mundial: lo que se queda grabado cuando el ruido se apaga

El Mundial ya terminó.

Se acabó la fiesta, se guardan las banderas y el WhatsApp familiar finalmente deja de recibir memes cada dos minutos.

Pero hay cosas que no se van tan fácil.

De esas que, por alguna razón, el cerebro decide guardar aunque probablemente no tengan ninguna utilidad.

Un ejemplo tonto, pero mío: Wonderwall.

Friends singing at an Oasis festival beneath a sign reading “Wonderwall”
Friends sing and celebrate together at a lively outdoor Oasis festival performance.

Es mi canción favorita desde hace años, mucho antes de que este Mundial la volviera —otra vez— una especie de himno no oficial de la afición inglesa. Cada gol de Inglaterra venía acompañado por miles de personas cantándola en las gradas.

Y entonces me acordé de algo curioso.

Oasis no solo tiene canciones que la gente canta borracha en un estadio. Después del atentado en el Manchester Arena, Don’t Look Back in Anger terminó convirtiéndose espontáneamente en una especie de símbolo de unión para Manchester. La gente la cantaba en las calles después de la tragedia.

Una canción pasa de ser una canción a convertirse en otra cosa.

Primero para sobrellevar una tragedia. Después para celebrar un gol.

Y ahí apareció Liam Gallagher, porque aparentemente un Mundial no podía pasar sin que Liam tuviera algo que decir.

Antes del México-Inglaterra se aventó un 5-0. Luego lo bajó a 3-0. Amenazó con no volver a hablarle a México si Inglaterra perdía y hasta metió a Oasis en el pleito.

Cuando Inglaterra ganó 3-2, cerró el capítulo diciendo que cantar “Harry Kane, vamos Inglaterra, vamos Wonderwall” era un trabajo duro.

La afición mexicana abucheó la canción y Liam respondió que era una actitud infantil.

Pero, en medio de todo el circo, dijo algo que me pareció mucho más interesante: que cada vez que había ido a México, la gente había sido encantadora.

Ese es la maña rara del fútbol.

Puedes querer mucho a un país y ser su enemigo durante 90 minutos.

Ni un minuto más.

Y luego está lo otro.

the players that played their last world cup
Este Mundial también fue el último baile de una generación que creció con nosotros sin que nos diéramos cuenta.

Messi, ya campeón, jugando probablemente sus últimos minutos en una Copa del Mundo.

Cristiano, todavía persiguiendo el único trofeo que nunca pudo levantar.

Neymar hablando del “last dance”.

Y Memo Ochoa, nuestro Memo, despidiéndose después de una carrera que empezó cuando muchos de nosotros todavía estábamos viendo fútbol con nuestros papás.

Ver a alguien que llevas viendo durante tantos años despedirse así tiene algo raro.

Porque no solamente estás viendo al jugador despedirse.

También estás viendo una pequeña parte de tu propia vida pasar frente a ti.

Y creo que ahí está lo interesante del Mundial.

Es de las pocas cosas capaces de convertir a un adulto en niño otra vez.

Casi todos tenemos un partido que recordamos perfectamente.

Dónde estábamos.

Con quién.

Qué estábamos haciendo.

Qué gol gritamos.

Qué derrota nos dolió.

Y probablemente no recordemos qué hicimos el martes pasado.

Eso es lo extraño de la memoria: no necesariamente guarda lo importante. Guarda lo que tuvo emoción.

Por eso el Mundial termina, las banderas vuelven al clóset y el algoritmo encuentra otra cosa de qué hablarnos.

Pero algunas escenas se quedan.

Un gol.

Una canción.

Una persona llorando.

Una noche con amigos.

Un estadio cantando.

Y quizá por eso nos gusta tanto el fútbol.

No porque durante 90 minutos importe realmente quién gana.

Sino porque durante esos 90 minutos nos importa algo muchísimo.

Ahora sí.

Empty football stadium with international flags and litter across the field and seats
it’s over

A guardar las banderas.

Nos vemos en el próximo.

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pepeamid

pepeamid writes for PepeAmid.

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