(O por qué limpiar el cuarto es una trampa)
Acompáñame a desenmarañar esta idea:
Hay un placer casi adictivo en el acto de ordenar.
Hablo de ese momento específico en el que decides darle fin al caos diario y transformas tu cuarto en un templo de la pulcritud. Libros alineados, ropa doblada con precisión casi quirúrgica y superficies libres de polvo. Cuando terminas, te cruzas de brazos, observas la escena y aparece una sensación profundamente satisfactoria.
Una falsa confianza.
Durante unos minutos sientes que, si pudiste poner en orden ese pequeño universo, quizá también puedas poner en orden todo lo demás.
Qué mentira tan bonita.

El problema es que ese estado perfecto nunca fue el estado natural del cuarto.
Fue una filigrana.
La vida, en cambio, nunca permanece quieta.
Al día siguiente aparece una playera sobre la silla. Después una taza de café que “ahorita llevo”. Un recibo encima del escritorio. Los tenis junto a la puerta.
Y, casi sin darte cuenta, el río vuelve a encontrar su cauce.
Nunca recuerdas exactamente cuándo dejó de estar ordenado.
Sucede taza por taza.
Playera por playera.
Pendiente por pendiente.
El río siempre vuelve
Quizá el error está en pensar que el orden debería durar.
Pero el orden es un estado estático y la vida es puro movimiento.
- Mantener un cuarto impecable requeriría dejar de usarlo.
- Mantener un escritorio perfecto implicaría dejar de trabajar
- Mantener una cocina impecable significaría dejar de cocinar
El caos no aparece porque seamos desordenados.
Aparece porque estamos ocupados viviendo.

Hay algo casi mamador en creer que una tarde de limpieza puede vencer a semanas de rutina.
La entropía no pelea contigo. (Palabra nueva)
Simplemente espera.
Mientras tú haces planes, respondes correos, entrenas, sales, cocinas, trabajas o simplemente te sientas a descansar… ella hace su trabajo.
Y, curiosamente, no necesita esforzarse.
Volver a lo incómodo
Y aun así…
Volvemos a ordenar.
No porque esta vez vaya a durar.
Sino porque durante un instante todo parece caber en su sitio.
Tal vez ordenar el cuarto nunca fue una forma de limpiar la casa.
Tal vez era una forma de ordenar la cabeza.

Reflection
Cleaning a room feels like cleaning your life.
For a brief moment, order gives us the illusion that everything is under control. But life doesn’t destroy order; it simply keeps moving. A forgotten coffee mug, yesterday’s mail, a jacket on a chair… little by little, chaos quietly returns.
Maybe that’s the point.
Order isn’t something we achieve forever. It’s something we borrow for a while before life reminds us that living is naturally messy.
Efemérides (3 al 9 de agosto)
4 de agosto de 1821- Manuel López de Santa Anna propuso a Juan O’Donojú una entrevista con Agustín de Iturbide,
iniciando las negociaciones que desembocarían semanas después en los Tratados de Córdoba y la consumación de la Independencia. Todo ocurrió teniendo a Veracruz como escenario.
6 de agosto – Nace Salvador Díaz Mirón (1853)
El 6 de agosto de 1853 nació en Veracruz Salvador Díaz Mirón, uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XIX. Su poema más emblemático, ““A Gloria”:
“Hay aves que cruzan el pantano
y no se manchan…”
Una imagen poderosa sobre la dignidad y el carácter frente a la adversidad.
